Doctrina y Convenios 109-110 | “Es tu casa, lugar de tu santidad”

Ven, Sígueme con Pepe Valle de Central de las Escrituras - Un pódcast de José Valle - Lunes

"Las puertas del Templo de Kirtland no debían abrirse sino hasta las 8:00 de la mañana del 27 de marzo de 1836, pero los santos que esperaban asistir a los servicios de dedicación comenzaron a formarse desde las 7:00 h. Cuando las bancas y los pasillos se llenaron rápidamente con fieles entusiastas, José Smith sugirió un lugar para dar cabida al excedente de asistentes. Cuando ese se llenó, se planificó una segunda sesión. Y no fueron solo los vivos que estaban ansiosos de estar presentes; varios testigos declararon que vieron ángeles, adentro del templo e incluso sobre el techo, durante y después de la dedicación. Realmente parecía que las “huestes del cielo” habían venido a “cant[ar], [y] grit[ar]” con los Santos de los Últimos Días (“El Espíritu de Dios”, Himnos, nro. 2).  ¿Por qué hubo tan gran entusiasmo en ambos lados del velo? La promesa de que los santos serían “investidos con poder de lo alto” fue una razón por la que se congregaron en primer lugar en Ohio (Doctrina y Convenios 38:32). Y se prometieron cosas más grandes para el futuro. “[E]ste”, declaró el Señor, “es el principio de la bendición que se derramará sobre la cabeza de los de mi pueblo” (Doctrina y Convenios 110:10). La época en la que ahora vivimos —con la aceleración en la obra del templo y las ordenanzas disponibles a millones de los vivos y los muertos— tuvo su inicio en Kirtland, cuando “el velo del mundo se v[io] descorrer” (“El Espíritu de Dios”).  Véanse también Santos, tomo I, págs. 236–245; “Una Casa a nuestro Dios”, Revelaciones en contexto, págs. 180–183."